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COMPROMISO CON LA PRODUCTIVIDAD

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¿Cómo conseguir un futuro mejor para nuestras empresas y para nuestro país en un medio altamente competido en donde se ponen a prueba nuestras habilidades de supervivencia y superación?. La productividad, ingrediente indispensable en el mundo de hoy no es fruto del azar o la casualidad sino el resultado de un proceso inteligente e innovador.

Alvin Toffler, autor y futurólogo empresarial, uno de los más destacados de las últimas décadas fundamenta sus conceptos sobre el progreso social en un sencillo modelo que expuso en su libro “La Tercera Ola” editado a finales de los años setenta. En este libro Toffler divide a la civilización moderna en tres grandes épocas, cada una con características diferentes: la primera de ellas, fundamentada en la agricultura,  va desde el inicio mismo de la civilización hasta el siglo diez y nueve cuando, con la máquina de vapor, surge la “Revolución Industrial”. La segunda, fundamentada en la preponderancia de la mecánica y el uso de los metales y el carbón, va hasta la aparición del Transistor ya en las postrimerías de la Segunda Guerra mundial. Y la tercera, llamada la ola de la Informática y la comunicación se halla ahora en plena vigencia. 
 
En una de sus presentaciones en Colombia Toffler exponía brillantemente en Bogotá a finales del siglo pasado, cómo su teoría acerca de las tres olas se había transformado en un mecanismo propulsor del cambio de poder en la civilización moderna. En tal contexto expresaba las causas presentes del subdesarrollo: mientras unos países se hallan produciendo tecnología de punta en comunicaciones e informática otros, como el nuestro, sustentan su desarrollo aún en la explotación de cultivos como el banano, las flores o el café, lo cual marca una sensible desventaja. Surge entonces la inevitable pregunta: ¿cómo alcanzar a los de la tercera ola mientras nosotros todavía dependemos de la primera?.
 
La respuesta de Toffler fue dramática y conmovedora: “tomen ustedes su producto interno bruto y divídanlo en tres partes iguales; el primer tercio dedíquenlo a alimentar a sus niños: eso garantizará que las nuevas generaciones contarán con un buen “Hardware”. El segundo tercio dedíquenlo a educar a sus niños: eso permitirá que las nuevas generaciones de colombianos tengan un buen “software”. Y con la tercera porción, hagan lo que quieran para beneficio de la actual generación”.
 
He ahí la llave de oro que nos abrirá la puerta del éxito para las generaciones venideras: dedicar nuestros mejores esfuerzos a liberar a la infancia y a la juventud  de las cadenas de la pobreza por la vía de la educación. Pero este proceso implica cambiar muchos de los paradigmas actuales en el proceso educativo: nuestro país requiere con urgencia una nueva generación fortalecida por la aplicación práctica más que por los conocimientos; por la creatividad más que por la repetitividad; más por la productividad que por la dependencia.
 
En este orden de ideas, la misión de nuestras empresas privadas y públicas deberá ser la de tomar la bandera de la productividad para establecer un auténtico liderazgo en la tarea de formar gentes con mentalidad de empresarios que, cual semillas de mostaza, saquen a nuestra nación del ostracismo intelectual y productivo en que se halla inmersa, para tomar rumbos de progreso e innovación.
 
Además de pelear contra las medidas gubernamentales injustas que atentan contra el futuro, deberemos todos unirnos para demostrar con hechos que el futuro de Colombia necesita de seres creativos, formados con los más elevados valores morales y enfocados a combatir la mediocridad con base en la inteligencia y la disciplina para conseguir que tengamos una nación más productiva y próspera.
 
Así como el compromiso de nuestras instituciones debería ser es el desarrollo de hombres y mujeres proactivos, el de nosotros, como empleados, empresarios y líderes debe ser el  de contribuir a retomar el foco hacia una cultura de la productividad. Deberemos contribuir a propiciar el impulso del empleado y trabajador, a enseñarle a cabalgar en tecnologías de punta, a facilitar las prácticas empresariales productivas, pero sobre todo a impulsar la idea de que colombiano se constituya  en emprendedor y propicie, no solo la creación de nuevas empresas, sino también el cultivo de la inventiva y la generación de tecnología propia. Tremendo reto; pero indispensable para garantizar la supervivencia y el avance del país, enfrentado a un mundo de cambios acelerados y desarrollo tecnológico bien distintos a los de hace cien años.

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