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EL CONEJITO Y LAS MORAS SILVESTRES

En este bolg hemos venido hablando de nuestro proceso  PLIS (Plan Integral de Superación). El primer paso para aprender a decidir es, sin lugar a dudas, QUERER DECIDIR. ¿Se ha preguntado usted cuántas oportunidades ha perdido en la vida por no decidir a tiempo?. En la historia de nuestras empresas y organizaciones son numerosísimos los ejemplos y anécdotas que nos revelan las consecuencias de las opciones aplazadas o no tomadas a tiempo; la parábola que a continuación les damos a conocer la construimos con la intención de que usted pueda darla a conocer a sus colaboradores, amigos o familiares y sirva de motivo de reflexión para la construcción de un futuro mejor para nuestras comunidades.

En un verde bosque cercano a la playa vivía un conejo de pelambre gris y colita blanca ya adulto y de gran experiencia. Se jactaba de ser gran conocedor de la vida en aquella agreste región y de su capacidad para aprovechar sabiamente los recursos que la naturaleza le brindaba. Solía comer los más tiernos cogollos de las plantas silvestres, ubicaba los pastos más sabrosos y ocultos de la pradera y era experto en conseguir los mejores frutos del bosque.
 
Una soleada mañana de comienzos de primavera, mientras se regocijaba caminando por la playa divisó un hermoso moral que ya empezaba a mostrar sus frutos. Se acercó y pudo apreciar que sólo los frutos más altos estaban listos para coger; rodeó el moral, trató de subirse en un tronco cercano, insistiendo varias veces, sin lograr su cometido, pues las moras maduras estaban muy altas y las espinas de la base impedían llegar a ellas sin salir mal librado.

 

En estas, pasaba por allí un gran oso que recién se desperezaba del largo invierno y había salido en busca de miel. El conejito vislumbró en este personaje una fuente potencial de ayuda y le propuso un trato: " si me ayudas a alcanzar las moras yo te mostraré un viejo tronco con un gran panal lleno de la más deliciosa miel”. El oso aceptó de inmediato y le alcanzó una mora de las tan deseadas por el conejo; éste la probó y le dijo: “creo que todavía le falta madurar; volvamos más bien la próxima semana e intentamos cogerlas un poco más maduras. Así lo hicieron, pero si bien el oso cumplió la cita, el conejo mandó a la paloma a pedirle excusas al oso por no poder cumplir la cita: se hallaba algo enfermo y había preferido quedarse en su casita cuidándose de una gripa que recién le comenzaba, en razón a los bruscos cambios de clima. Una semana más tarde el oso volvió al rosal y se percató de que el moral tenía nuevos frutos ya maduros, listos para comer; nuevamente el conejo faltó a la cita, esta vez sin explicación alguna.
 

A la tercera semana, el conejo llegó al moral y esperaba hallar la planta llena totalmente de frutos maduros. El oso estaba ya esperándolo muy cerca del bosque. El desencanto de ambos fue grande cuando descubrieron que la marea había subido la noche anterior y había destrozado literalmente el moral. Sólo quedaban unas pocas moras regadas en el suelo, imposibles de ser aprovechadas. Al ver esto el conejo dijo: “bueno, no importa: lo que no es para uno, no es para uno. El año entrante volveremos y seguro que este moral nos dará grandes frutos.”
 
Cada uno tomó su camino y abandonaron el lugar. No se sabe por qué, pero al año siguiente ninguno, ni conejo ni oso volvieron por allí. El moral sigue dando frutos año tras año sin que nadie se haya percatado de ello, sirviendo las dulces moras solamente para el olvido y el desperdicio.
 
MORALEJA: Cuando tenemos grandes ideas, es preciso salvar las dificultades para ponerlas en acción de inmediato. Dilatar las decisiones solo nos aproxima a la rutina y a la inefectividad. 

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